Acerca del Centro

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miércoles, 22 de junio de 2011

ROTURA DE FIBRAS


La rotura de fibras es una de las lesiones
musculares más frecuentes en los deportistas.


Suelen ocurrir cuando la demanda sobre un músculo excede su fuerza, generalmente durante una contracción excéntrica, produciéndose una tensión excesiva en él.



Como por ejemplo en paradas bruscas, en deceleraciones, aceleraciones rápidas o la combinación de ambas. También en sobre estiramientos musculares, excediendo su capacidad de elongación, por ejemplo durante movimientos balísticos.

Los síntomas son un dolor punzante y localizado y cuando es más grave se puede oír un "chasquido" característico de la rotura muscular. Habitualmente, aunque no siempre ya que depende del grado de lesión del tejido, se puede apreciar un hematoma por la rotura de vasos sanguíneos intra o intermusculares. Si el deportista nota estos síntomas debe parar la actividad, ya que de lo contrario puede agravar la lesión.
En cualquier caso es necesario acudir al médico lo antes posible para que valore su alcance mediante ecografía .

Grados de roturas fibrilares


Para tener una visión histológica sencilla se podría decir que el músculo está formado por células musculares que se conectan unas con otras dando lugar a la fibra muscular rodeada por una delgada vaina de tejido conectivo que es el endomisio, éstas a su vez se agrupan formando haces o fascículos envueltos por el perimisio y el conjunto de fascículos constituye el músculo en sí rodeado por el epimisio que está más o menos entretejido con la fascia muscular circundante o aponeurosis. Los músculos se unen a los huesos mediante los tendones y las uniones fibro óseas (fibras de Sharpey).



Se pueden producir:


- Desgarros fibrilares o de Grado I: rotura de unas pocas fibras sin desgarro aponeurótico. Se percibe un dolor agudo tipo pinchazo que permite continuar con la actividad, aunque no es recomendable.

- Desgarros fasciculares o de Grado II: en el que hay desgarro de un número moderado de fibras sin rotura aponeurótica, o de Grado III en el que existe desgarro de muchas fibras con rotura parcial de la aponeurosis.
El dolor es muy intenso, como una "pedrada", siendo necesario parar la actividad.

- Desgarros totales o de Grado IV: rotura completa del músculo y aponeurosis. Precisan tratamiento quirúrgico.

¿Cómo actuar?


Como ya se ha dicho, es precisa evaluación médica lo antes posible. Pero además el deportista puede seguir unas pautas que favorecerán una rápida recuperación. RICE:

- Reposo: reposo deportivo imprescindible para respetar el proceso de curación-regeneración del tejido. En casos leves, pese al reposo deportivo, se puede seguir con actividad moderada, evitando los movimientos que aumenten la tensión en el músculo y produzcan dolor.
El profesional sanitario que realice el seguimiento de la lesión indicará qué movimientos controlados se pueden hacer para favorecer la correcta cicatrización, cuándo empezar a realizarlos y el momento de reanudar la actividad deportiva. Es importante que el deportista no intente tratar la lesión por su cuenta y sin asesoramiento especializado ya que, además de ralentizar la recuperación, seguramente favorecerá la aparición de secuelas tisulares y funcionales que le predispondrán a lesiones futuras.

- Hielo: aplicación de frío cuanto antes ya que es analgésico y limita la hemorragia y el edema por su propiedad de vasoconstricción. Aplicar durante 15 - 20 min. en zonas grandes y en las que queramos que el frío actúe en profundidad (por ejemplo grandes masas musculares como cuádriceps). Repetir la aplicación dejando 1 o 2 horas entre medias para que el tejido recupere temperatura y evitar congelaciones. Revisar la piel que contacta con el frío de vez en cuando por si hay cianosis (color azulado en la piel) ya que en tal caso sería preciso interrumpir el tratamiento e investigar una posible hipersensibilidad al frío.
A partir de las 72 horas aplicar calor local, siempre que no persista la inflamación.


- Compresión: contiene la hemorragia y el edema. Debe ser elástica (vendaje, muslera o "faja" compresiva), uniforme y no excesiva.

- Elevación: también disminuye el edema favoreciendo por la acción de la gravedad el drenaje venoso y linfático. Si la rotura es en una extremidad se debe colocar por encima del nivel del corazón.

¿Cómo prevenirlas?


- Hidratación adecuada (para evitar la rigidez de los tejidos).
- Estiramientos como rutina de entrenamiento, antes (menos tiempo) y después de la actividad (dedicándoles más tiempo).
- Evitar el exceso y defecto de entrenamiento.
- Equilibrar tanto en fuerza como en elongación la musculatura agonista y antagonista.
- Realizar siempre un concienzudo calentamiento (ojo, los estiramientos antes de la actividad no sustituyen al calentamiento).
- Evitar el acúmulo de fatiga ( un músculo fatigado es un músculo propenso a la lesión).
- Evitar en lo posible condiciones ambientales como el frío y la humedad.








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